La grieta que importa: el que produce contra el que vive del Estado
Las divisiones políticas de superficie esconden la única frontera económica real. De qué lado de esa línea esté la mayoría define el destino del país.
Los argentinos llevamos décadas peleándonos por grietas de superficie mientras la única división que define nuestro destino pasa inadvertida: la que separa a los que generan riqueza de los que viven de administrarla, regularla o repartirla.
De un lado está el universo productivo: el comerciante que abre a las siete, el monotributista, la empleada que aguanta un trabajo formal, el empresario que arriesga capital propio. Del otro, una constelación de intermediarios: gerentes de la política, organismos duplicados, consultorías militantes y estructuras cuya factura pagamos todos.
La aritmética de la decadencia
Ninguna sociedad sobrevive cuando la balanza se inclina demasiado hacia los que reparten. No es ideología: es aritmética. Cuando conviene más gestionar subsidios que abrir una fábrica, el talento migra hacia donde está el premio, y el premio lo puso la política.
Un país se arregla el día que ser productivo vuelve a rendir más que ser amigo del poder.
Por eso las reformas que importan no son las que prometen administrar mejor la pobreza, sino las que devuelven el premio al esfuerzo: menos impuestos, menos trabas, menos peajes. El resto es discutir quién maneja la caja. Y de eso ya tuvimos suficiente.